25 agosto 2011

JMJ, la macrofiesta del Papa(namericano)

Tengo una teoría, si yo fuese un chaval de 17 años que perteneciese a alguna asociación católica del tipo Boy Scout (como de hecho pudo haber sido) y me proponen sustituir un campamento en Paladín (provincia de León) por una macro fiesta popular en Madrid, no me cabe duda de que lo aceptaría.

Por eso creo que, al menos, un 50% de los asistentes a la capital de esta semana eran gente normal-fiestera, con más bien poca seguridad en cuanto a su fe. Creo que es más bien la iglesia quien tiene fe y cree que esa juventud es la "juventud del Papa" y no la del "Papanamericano". Desde luego es mucho más rentable a ojos del gran público pensar que el representante de Dios en la Tierra tiene semejante poder de convocatoria, pero la realidad es que a mi me queda poca duda de que este evento es una operación de imagen, amen (nunca mejor dicho) de un gran negocio.

En las calles de Madrid se ha visto mucha fe, si, pero también mucho mercader a las puertas del templo. Jesús utilizó un látigo para expulsarlos, en cambio Benedicto los atrae hacia sí con la complicidad del ayuntamiento y la comunidad de Madrid y, como no, del gobierno de España.


Esta semana hemos oido hablar a muchos de los millones de euros gastados en la visita del pontifice. ¿Gastados?, ¡No!, invertidos. Imagen, impuestos, potenciación del consumo... hay muchas formas de recuperar ese "gasto". Por desgracia ¿notaremos los españoles medios esa inversión?, ¿habrá aumentado la contratación en esos días o solo habrán explotado aún más a los trabajadores habituales?, ¿tendrá, por fin, Gallardón sus juegos olímpicos? porque no nos olvidemos que organizar un evento de estas dimensiones puede ser la última bala que le queda a Madrid de llegar a ser capital mundial del deporte.

Quien estuviese la semana pasada en Madrid sabrá que la ocupación de la ciudad por las JMJ era total, que las molestias, a la hora de realizar labores diarias como desplazarse al trabajo o hacer compras era poco menos que una odisea. En una ocasión en que recriminamos a unos chicos el escandalo que estaban montando nos respondieron con cara inocente y cerveza en mano "es la fiesta". Se ha hecho ver a los "turistas" católicos que esta era su semana y se les ha dado manga ancha para cantar, beber y ensuciar. Supongo que el número de denuncias por ruidos habrá sido bastante más alta que en otras fiestas (aunque quizás sea un poco ingenuo en esta suposición).

Así que espero que el próximo evento religioso mundial sea acogido con los brazos abiertos, aunque habrá que buscar otras religiones que no sean la católica, por variar; también espero que se haya recuperado la inversión económica y que haya subido la contratación. Pero sobre todo espero que Madrid tenga de una vez sus juegos olímpicos y dejemos de tener que embarcarnos en aventuras disparatadas que en España siempre pasan por jovenes borrachos y gente vestida de cosas raras.

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